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Siempre alguien se aprovecha

Séptimo día de reclusión, bueno al menos en teoría, pues de lunes a miércoles tocó trabajar, pero esa no es la historia.

Siempre, en estas u otras circunstancias parecidas hay alguien que se aprovecha. Pues bien, a mí me ha tocado uno, desde que se dio cuenta de que pasábamos más tiempo del normal en casa, decidió aprovecharlo.

Con sus zalamerías, su cara de pena y esa manera de decirnos “no me dejéis afuera” ha conseguido lo que más le gusta, estar en mis brazos o en los de mi mujer todas las horas que le apetezca; ahora, eso sí, cuando el hambre, la sed, o la necesidad de ir al baño apretan, entonces sale como alma que lleva el diablo. Y claro, luego volvemos a lo mismo.

Pero lo mejor fue anoche cuando decidimos irnos a dormir, el colega nos hace la 12/13 y se pasa al dormitorio, y claro, te pone esa cara de “yo no he roto un plato” y no te queda otra que dejarlo dormir con nosotros, y para colmo, se coloca entre los dos y nos manda a los bordes de la cama, con la preocupación de que cuando le entren las prisas habrá que bajar para abrirle la puerta del patio.

Siempre me gustaron los gatos, pero me temo que este me ha cogido el pan debajo del brazo.

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