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A mi primo mayor

Quien le conoce sabe que no es como los demás.

Siempre ha luchado por aportar un grano de arena al cambio de esta sociedad que nos envuelve, a veces tan fea e injusta que dan ganas de mirar para otro lado. Pero él ha seguido mostrando su espíritu imperecedero mediante sus trazos convertidos en personajes carismáticos que nos animan a todos a ponerle un poco más de humor a la vida, y a ser un poco más cívicos y solidarios. En fin, un poco más humanos.

Llevo días sin poder salir de casa, en un Madrid que se torna un poco más inmenso y caótico de lo normal. No tengo problemas de salud física y puedo seguir ocupando mi tiempo en quehaceres de la universidad. Incluso vivo con amigas con las que comparto los ratitos muertos y hago todo un poco más llevadero. Y aún así, está siendo psicológicamente muy duro afrontar este panorama.

Pues imaginaos en el mismo Madrid gris, en mitad de un tratamiento de quimioterapia, cuando tienes que seguir yendo al hospital pase lo que pase ahí fuera. Cuando notas cambios en tu cuerpo y cada día que pasa te cuesta reconocerte un poco más. Cuando lo único que necesitases tomarte unas cervezas con tus amigos para dejar de pensar en esa maldita palabra, en esas seis malditas letras. Es entonces cuando este bicho que pasaba desapercibido para todos hace un mes, se convierte ahora en uno de tus mayores miedos, y con razón.

Pero, como os decía, no es como los demás y sigue siendo él quien más sonríe en las fotos y el que intenta reunirnos a todos por videollamada para hacernos esta cuesta un poco más amena.

 

          A mi primo, valiente, al que quiero y admiro con locura

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