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Es la hora

Ahora ya sabemos que es una batalla sorda, en la que se ha prescindido de los fusiles, de las trincheras y de las bombas. 

Ya hemos aprendido que el enemigo no tiene rostro ni corazón compungido, y que ésta es la única guerra que se puede ganar permaneciendo escondidos... 

Tras muchas bajas hemos descubierto que estamos ante la lucha del hombre contra sí mismo, frente al abismo del tiempo, ante el vicio de "yo" que ha propiciado... que caigamos en cuenta de cuánta falta nos hace un abrazo.

Acopiemos el dinero, amasémoslo con orgullo al fuego lento de la vanidad, y envolvámoslo en banderas para seguir como si tal cosa acolchando trincheras, mientras soldados de blanco se dejan la piel entre el alambre de espino invisible de la indiferencia... 

O recuperemos aquello que nos llevó a madurar, el trabajo compartido en la mano tendida haciendo barrio a barrio comunidad, un pueblo, una corriente, una filosofía: la solidaridad. 

Lo hicimos tantas veces como fue necesario, superando pestes, emancipándonos de los dioses, aprendiendo a volar o derrotando a los tiranos... 

Vamos a mantener fuertes las falanges sin permitir fisuras, cuidemos la retaguardia minando la moral de la tropa de empatía, no vayan a quedarse atrás los débiles sin ayuda. 

Vamos a tender las velas, a sacar los remos, a navegar, sin excusas, sin camisa, sin pereza, hasta el último aliento asumiendo la responsabilidad.

Si aún hay una oportunidad, se llama resiliencia; éste el momento: es la hora de la humanidad. 

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