En busca del lagarto Jaén

Publicado en Viajes

c_280_300_16777215_00_images_fotos_viajes_jaen29.jpgMiembros de la Asociación Cultural realizaron un viaje, a finales de octubre, por pueblos con encanto como Baños de la Encina y Jaén, una capital que permanece escondida y merece mayor fama. Igualmente visitaron Navas de Tolosa, Linares y una almazara en Bailén, donde pudieron conocer el proceso que sigue la aceituna hasta convertise en aceite.

Texto: Manuel Durán
Fotos: Juan A. Molero y Sara Moraleda

Confieso que cuando surgió la idea de visitar la ciudad de Jaén y sus pueblos me quedé un poco pensativo. ¿Qué había en Jaén?. A parte del Andaluces de Jaén, de Miguel Hernández que tan presente hemos tenido este año en la Asociación, con una Exposición y un recital de su obra, asociaba su nombre a: olivares, olivares y olivares cuando viajamos al sur por la carretera de Andalucía. Nos proponíamos visitar algunos pueblos y la capital. Pedimos a la Agencia de viajes de Corral una propuesta y salió la excursión que quería la Asociación.

Visitar los pueblos de Navas de Tolosa, Baños de la Encina, Linares y una almazara de Bailén, hacer noche en la capital y el domingo visitar la ciudad.

Partimos del pueblo temprano como es costumbre, buscando la nacional IV, y tras cruzar Despeñaperros avistamos todo el tapiz de los campos de olivos. En esta ocasión teníamos una guía acompañante (Alexandra) que nos introdujo en la cultura de estos pueblos.

El primer pueblo que visitamos fue Navas de Tolosa, inicio de la Ruta de los Nazaríes, situado justo a las puertas del desfiladero de Despeñaperros, donde visitamos la iglesia de la Inmaculada Concepción.

Más tarde llegamos a Baños de la Encina, pueblo bonito donde los haya, vista de postal para enmarcar, con su castillo y su disposición arquitectónica en la ladera de la montaña. Visitamos el castillo y recordamos el parentesco de los materiales de construcción de este monumento y el de las casas de la Encomienda en Corral de Almaguer; después callejeamos por el pueblo donde conversamos con las personas mayores para preguntarles por la gastronomía del lugar como son “el cucharro” y “las sobás”. La visita nos resultó corta y es de esos lugares que quedan pendientes para otra ocasión.

La siguiente parada fue Linares, importante pueblo de la provincia de Jaén, famoso por los personajes que han nacido en él: Andrés Segovia, Raphael, Carmen Linares… Allí visitamos su Centro de Interpretación.

El siguiente destino nos llevó a conocer una almazara de la zona de Bailén. El propietario de dicha almazara, el señor Padilla, nos explicó el proceso que seguía desde la recogida de la aceituna hasta la elaboración del oro líquido. La novedad de la visita era el carácter pionero del aceite ecológico que se producía en aquella industria.

Después de tan agotadora mañana hicimos un descanso para comer y dirigirnos a Jaén, donde llegamos a media tarde para descargar las maletas en el hotel donde nos hospedaríamos. En la tarde del sábado cada uno dispuso de su tiempo libre; unos para degustar las esplendidas tapas que ofrecía la restauración jienense; otros se dedicaron a callejear por la ciudad, visitar monumentos…

Como teníamos una hora más para dormir, madrugamos con la intención de visitar una ciudad que no tiene la fama que merece y que posiblemente sea la más olvidada de las capitales andaluzas.

El domingo nos citamos con la guía local (Eva) para realizar una visita panorámica por la ciudad y acabar subiendo al cerro donde se encuentra el castillo de Santa Catalina, la primera fortaleza que se edificó en tiempos de los romanos y tras la conquista de Jaén por Fernando III pasó a ser un alcázar para los soldados, contiguo a la fortaleza se encuentra el parador. Desde el mirador se contempla una magnífica vista de Jaén: los árboles que bordean la fortaleza dejan paso al trazado medieval del casco antiguo, que desemboca en la majestuosa catedral. Se deja intuir la belleza de Sierra Mágina y el mejor momento del día para visitarlo es al atardecer.

La siguiente parada era la visita a la Catedral renacentista de la Asunción, obra que proyectó el arquitecto Andrés de Vandelvira. La fachada principal es barroca del siglo XVII. En su interior destacan el coro del siglo XVI realizado por el escultor Felipe Vigarny y una sacristía cuyas columnas recuerdan la mezquita de Córdoba. Un pasadizo secreto comunica la sacristía con la sala capitular con un retablo de Pedro Machuca del siglo XVI. Llama la atención de esta catedral su poco habitual sistema de balcones, la solución que utilizó el arquitecto para mostrar a los devotos el Santo Rostro (o la Verónica). Los balcones permiten ver de cerca las bóvedas de la catedral.

Paseando por la ciudad en una mañana con una temperatura muy agradable llegamos al Palacio de Villardompardo para visitar los baños árabes del siglo XI, que permanecieron enterrados hasta principios del siglo XX. Se trata de un hammand de estilo musulmán muy restaurado, con cuatro salas y 450 metros cuadrados, por lo que se considera el más grande de España. La leyenda dice que el espíritu del rey Alí, ahogado en estos baños, vaga todavía por ellos.

A la salida encontramos la estatua del lagarto de Jaén, que rememora una de las leyendas más antiguas de la ciudad: un condenado se enfrentó a un enorme reptil que tenía atemorizados a los jienenses; para ello llenó con pólvora el cuero de un cordero muerto y se lo dio a comer al animal que reventó al estallar la carga. De ahí surge el popular dicho: “Vas a reventar como el lagarto Jaén”, aunque según nos explicó la guía este dicho puede tener diversas interpretaciones. Según ella, los autóctonos de la ciudad lo llaman “El lagarto de la Malena”, por el barrio donde se encuentra. Buscábamos esta estatua para hacernos una foto con “el lagarto”, era una de las preguntas del cuestionario de esta excursión que tenía como premio un par de entradas para ver una obra de teatro en Madrid.

Nos dirigimos de nuevo al hotel para comer y más tarde emprender el viaje de regreso al pueblo.

Cuando escribo esta crónica conozco el fallecimiento de nuestro compañero Jesús Martín Tapias, una bellísima persona con quien en los últimos años he compartido momentos .entrañables. Su presencia y su recuerdo me acompañarán siempre. No puedo dejar de pensar en los versos de Miguel Hernández que el recitó apenas hace un mes y me viene al recuerdo la Elegía a Ramón Sijé.

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