"Amigos de Corral" por las tierras del Duero

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c_280_300_16777215_00_images_fotos_viajes_Valladolid6.jpgLa excursión que organiza en primavera la Asociación Cultural Amigos de Corral de Almaguer tenía como finalidad conocer las tierras del famoso caldo con denominación de origen Ribera del Duero. El objetivo era conocer Tordesillas y Simancas en la mañana del sábado, visitar Valladolid, dormir en la ciudad del Pisuerga y rematar la faena el domingo con la visita al castillo de Peñafiel, donde realizar una cata de los vinos que se crían en las tierras del Duero. 


Por Manuel Vicente Durán

En la glorieta de Piramides de Madrid recogemos a la mayor parte de los participantes del viaje y al guía, Jorge, gran amante de los audiovisuales nos entretuvo el trayecto con un vídeo sobre la Ribera del Duero.

Tordesillas-Simancas
Después del café que nos sacó del adormecimiento del viaje, el paisaje nos ofrecía los viñedos de Rueda, famoso pueblo por su maravilloso vino blanco, hasta vislumbrar el perfil de Tordesillas con su puente medieval de los diez ojos sobre el río Duero. La vista del pueblo por la entrada de la llanura queda archivada en nuestra retina. Habíamos quedado con una guía local, Inés, palentina de las que hace patria cerca de la estatua de un toro, el famoso Toro de la Vega que tanta polémica ha generado en los últimos años.

Tordesillas se hizo universal en 1494 por el tratado que dirimió las disputas entre España y Portugal, con él se fijaron los límites para ambos reinos sobre las tierras recién descubiertas y por descubrir en América. Visitamos la Casa del Tratado donde está la oficina de turismo y una muestra permanente de cartografía antigua. También visitamos el real monasterio de Santa Clara, uno de esos lugares con un encanto especial, con sus detalles mudéjares e inscripciones en caracteres arábigos que se conservan en su fachada, y nos acercamos al que fuera palacio de Alfonso XI y residencia durante muchos años de la reina Juana I de Castilla, nunca conocida, según la guía, por el apelativo que le puso la historia. Tordesillas fue capital del movimiento comunero hasta que las tropas imperiales hicieron valer su fuerza. Contemplamos las maravillosas vistas que nos ofrece su posición privilegiada sobre el río Duero y realizamos una paseo por sus calles hasta su pintoresca plaza, donde nos despedimos de esta guía tan peculiar.

Nuestra siguiente parada era Simancas para contemplar su romántico castillo de tejados grises donde se encuentra el Archivo General del Reino. Realizamos un paseo por las calles de Simancas hasta llegar a un mirador sobre el río Pisuerga donde contemplan sus particulares vistas. Después de comprar dulces en una de sus tahonas pusimos rumbo hacia Valladolid.

Valladolid
Llegamos a la hora de comer a la ciudad del Pisuerga. Tras la comida y la asignación de habitaciones en el hotel, la tarde del sábado era libre para conocer la ciudad.

El itinerario por Valladolid pasaba por conocer su Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento, y la estatua del Conde Ansúrez, lugar en el que se han realizado justas, torneos, corridas de toros, ejecuciones o autos de fe, como el realizado en 1559 contra el doctor Cazalla utilizado por Miguel Delibes como base argumental de su novela El hereje. Seguimos callejeando hasta llegar a la catedral, llamada la inconclusa, que no es más que una ampliación de la desaparecida colegiata de Santa María la Mayor, encargada a Juan de Herrera en 1585. Destaca el remate de la fachada, obra de Churriguera en 1729, así como la torre coronada por el Sagrado Corazón de Jesús, construida en el siglo XIX. Otro de los monumentos importantes de la ciudad es el Museo Nacional Colegio de San Gregorio, cuya fachada es impresionante. En la plaza de la Universidad se encuentra una famosa estatua de Cervantes. Como el día había sido muy completo, parte del grupo optó por volver al hotel donde se ofrecía la cena o seguir paseando por la ciudad para degustar sus vinos y sus tapas.

Peñafiel
La mañana del domingo amenazaba lluvia. Camino de Peñafiel, comenzó a llover de manera tibia. El trayecto de Valladolid a Peñafiel está repleto de viñedos, en su mayoría espalderas, y salpicado de pequeños hoteles-bodega como otra forma de hacer turismo.

Pasamos por pueblos tan emblemáticos como Quintanilla de Onésimo, Roa de Duero, donde murió el cardenal Cisneros, y viñedos como la denominación de origen Valbuena donde se encuentran los famosos Vega Sicilia, vinos que en un principio no tenían precio y se regalaban por amistad.

Llegamos a Peñafiel, “La peña más fiel de Castilla”, y subimos a su famoso castillo. Situado sobre un estratégico cerro que domina los valles del Duratón y Botijas, en su confluencia con el Duero, es una bella fortificación que asemeja un inmenso navío varado sobre la meseta castellana. Allí nos espera Marta, la guía  que como señora del castillo nos explica de forma muy amena como era la historia de la fortificación. Morada de reyes y nobles, como doña Urraca, Fernando III o Alfonso X el Sabio, fue el infante Don Juan Manuel quien lo eligió como su residencia. Seguro que el autor de El Conde Lucanor, enamorado de esta región aledaña del Duero, regalaría con buen vino local a alguno de sus invitados. Siete siglos después se ha elegido el castillo-barco de Peñafiel como sede del Museo Provincial del Vino.

En este lugar se produjo la cata de vinos por un simpático enólogo, quien nos explicó de manera peculirar las características de cuatro vinos de la zona. Un blanco, un rosado y dos tintos. Vista, olfato y gusto fueron los sentidos implicados en la cata de los vinos que adornó con sus conocimientos sobre la producción del vino, la forma de trabajar el viñedo, como la poda de la que nos dejó un refrán: “Quien poda en abril, es un vil”, y las características de un buen vino que estará condicionado por el terreno, el clima y la forma de amar el vino. En definitiva, una encantadora cata de vinos que según mi opinión fue del agrado de la mayoría.

Más tarde bajamos al pueblo para visitar su famosa plaza rectangular de El Coso, y tras tomar las correspondientes fotos, fuimos a comer al restaurante “El barco de bolas”, desde donde iniciamos el camino de vuelta, en unos a Madrid y otros a Corral. ​

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