Miércoles, Julio 24, 2024

Siempre intento meterme en charcos bastante gordos

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No le gustaba el teatro, pero su vida es puro teatro, por sus venas corre teatro y no recuerda ningún tiempo, desde su edad de diez años, en que haya dejado de hacer teatro. Con gente normal sin experiencia escénica, Alberto Novillo consigue dignificar el teatro de nuestros pueblos con espectáculos cargados de altas dosis de plasticidad. Tras su primer año como profesor de arte dramático en Corral de Almaguer, el teatro local recobra el pulso y late con intención de durar.

Creo que por tus venas corre teatro.
 Sí, corre teatro. Cuando era niño no me gustaba el teatro, “qué vergüenza, pensaba”. Pero un amigo mío me animó, me  apunté a talleres de teatro y desde los diez años no he dejado ningún año de mi vida de hacer teatro. Cuando empecé la carrera en la RESAD, quería ser actor de cine y televisión, pero todo el trabajo que se hace allí es teatro, entonces me enamoré del teatro mucho más de lo que ya estaba. Sí, puede ser que por mis venas corra teatro en vez de sangre, aunque hay que tener mucha sangre para hacer teatro.
El potencial de un actor se ve más sobre las tablas, en cine o televisión.
 Son medios distintos. Estar delante de una cámara es muy complicado también. Pero pienso que Un actor que viene del teatro puede tener mejor adaptación a la cámara que a la inversa. Quien puede llenar con su cuerpo, voz y energía un teatro puede llenar sin mucho problema una pantalla de cine o de televisión, aunque luego tenga que ajustar y trabajar otras cosas para reducir lo teatral.
¿Con qué tipo de teatro te sientes más cómodo?
 Me siento muy a gusto con la comedia, creo que se respirarla muy bien y se detectar donde está y provocarla para que aparezca. Muchos años de mi infancia y madurez viendo vídeos de Lina Morgan, que es mi actriz favorita. Aunque hasta ahora como actor no he hecho mucha comedia, solo me han llegado dramas o tragedias. La vida es irónica. Tampoco he dirigido demasiado porque en el caso de los alumnos me gusta más empezar por drama, siguiendo la misma metodología que usan en las escuelas profesionales. El drama te obliga a tener un mayor acercamiento y conexión contigo mismo y desde ahí, puedes tener una mayor aproximación al personaje, a sus circunstancias, para poder darle vida, encarnarlo y contar qué le sucede de una manera orgánica y que sea creíble para el espectador. Pero vamos, me siento a gusto con ambos géneros... y la tragedia me fascina.
Llega un momento en que te metes en la aventura de profesor de teatro por los pueblos de la Mancha.
 He tenido siempre mucha reticencia a la docencia por experiencias con profesores que no me enseñaron nada y que además me frustraron o coartaron mi creatividad. Hay profesores que deciden serlo porque sus carreras como actores no han ido como esperaban y no por amor a la enseñanza del actor. Hace cinco años el ayuntamiento de mi pueblo me propuso dar clases allí, yo no estaba muy seguro, tenía muchos miedos, pero al final acepté para ver si era capaz. Salió bien, y al año siguiente empecé a tener muchos alumnos porque mucha gente se animó. En los años siguientes me ofrecí a más ayuntamientos de La Mancha para poder dar clases a más personas. Y sí, han sido cinco años de muchas y bonitas aventuras. Ahora tengo muchas familias manchegas.
¿Prefieres dirigir a tus alumnos o a profesionales?
Hasta ahora no he dirigido a profesionales. Voy a hacerlo muy pronto. Trabajo con mis alumnos de manera profesional, así que ya los más veteranos lo son. Les enseño a trabajar como yo sé trabajar como actor. Cuando terminamos el periodo de trabajo individual y empezamos a trabajar un texto y a montar la obra les enseño a estar a la altura de lo que les pediría un director en un montaje profesional. Tal como yo he aprendido en los procesos en los que he estado como actor o ayudante de dirección. Les intento enseñar de la manera que me gustaría que me dirigiesen a mí, no es que me sienta más a gusto o no. Me siento a gusto con ellos porque es muy gratificante, aunque también tengo que decirte que es muy duro hasta que consigues sacar de los alumnos que no son profesionales lo que pretendes.
¿Cómo es trabajar con personas sin experiencia escénica?
Me planteo el reto de que ellos puedan ser capaces de conectar con los personajes y las historias que elijo para cada grupo, que no son obras fáciles, porque siempre intento meterme en charcos bastante gordos. Son las obras que a mí me gustaría hacer o que elijo trabajar con ellos porque me gustaría que me las contasen como yo me las imagino en mi cabeza y subrayando el mensaje que yo veo en ellas. Es un reto muy grande, por ejemplo, conseguir que las mujeres de la Asociación Santa Águeda, que son la mayoría de ellas mayores de 65 años, puedan conectar con Lucrecia (en La violación de Lucrecia) y con el narrador que está contando la historia. O que con Incendios, que habla sobre la guerra del Líbano, los alumnos puedan conectar con el recorrido que tienen los personajes y al final hacer un espectáculo donde verdaderamente se está contando y transmitiendo la historia, que no es simplemente que unos actores aficionados se suban al escenario y digan los textos memorizados. Es un reto grande que una persona de la calle que te encuentras al comprar el pan sea capaz de subirse a un escenario y conectar con una persona que han violado, que han maltratado durante toda su vida o que ha estado en una guerra y que logre emocionar y conmover al público (que son sus vecinos del pueblo) porque su trabajo es sincero y de verdad, porque ha logrado encarnar al personaje que interpreta. Eso es muy gratificante como profesor de teatro. Y mucho más gratificante conseguirlo con estas que personas que no son profesionales porque demuestra que todo el mundo puede hacer teatro si quiere, todo el mundo es válido para aprender y disfrutar de hacerlo.
¿Qué recibes de tus alumnos?
Creo y sé que piensan que estoy loco. Es normal, me meto con ellos en unos fregaos importantes, pero también sé que aunque a veces me odian porque les exijo mucho en el fondo me quieren. Realmente percibo mucha admiración y cariño por parte de todos; niños, jóvenes y adultos. Me respetan y confían en mí, eso para mí es el mayor tesoro. Algunas veces cuando reciben mis ideas o mis propuestas, cuando les digo, por ejemplo: “vamos a hacer esto de forma no realista”, me miran con ojos como platos y me dicen pero esto no es lo que dice aquí Lorca o Shakespeare que hacen los personajes. Ven mis propuestas al principio pensando: “este tío está loco”; pero cuando lo consiguen y sacan lo que yo quiero de ellos en cada personaje, se dan cuenta del porqué de esas propuestas, lo entienden y se sorprenden a ellos mismos. Cuando terminamos los procesos solo recibo admiración y cariño, por eso creo que llevo tantos años dando clase.
¿Qué buscan los alumnos en tus clases?
Algunos niños llegan porque sus padres piensan que son tímidos, o que necesitan aprender a expresarse, a mejorar la comunicación, las relaciones personales. Muchas personas mayores vienen por curiosidad, por pasar un buen rato a la semana, porque entienden el teatro como un hobby que se puede convertir en algo familiar y donde se lo pasan muy bien. También muchos vienen porque cuando llevo varios años en un pueblo se va corriendo la voz de que en las clases y en los procesos se lo pasan muy bien y eso genera que se sumen más personas. De igual manera, otros muchos vienen al curso siguiente de que hayamos estrenado un espectáculo en su pueblo porque les fascinó ver a sus vecinos haciendo lo que hacían y quieren probar.
¿Es positivo el balance de tu experiencia como profesor de teatro en los pueblos?
Es cansado estar todas las semanas yendo y viniendo a Madrid. Pero cuando acabo el montaje con un grupo, me siento tan satisfecho, pleno y orgulloso del trabajo que ellos han logrado hacer que se me olvidan los viajes desde Madrid, pasando calor, frío o sueño.

Generar un tejido teatral es muy beneficioso, porque al final estamos enseñando muchas cosas de la vida que muestra el teatro.


¿Cómo ves el teatro en Castilla-La Mancha?
En general, creo que hay poco interés o desconocimiento por parte de los políticos. Hay muchos pueblos que sí que tienen este interés, pero son la excepción. Sería necesaria una mayor implicación, no sé si más ayudas, aunque se necesitan y van de la mano evidentemente. Para empezar sería esencial un mayor conocimiento de cómo el teatro puede beneficiar a comunidades tan pequeñas como son los pueblos de la Mancha que tienen entre cinco mil y diez mil habitantes. Generar un tejido teatral es muy beneficioso, porque al final estamos enseñando muchas cosas de la vida que muestra el teatro. El teatro es un espejo de cómo vivimos y cómo actuamos los seres humanos. Entenderlo desde ese lado y en sociedades tan pequeñas como los pueblos es muy beneficioso para todos, para todas las edades, desde los niños hasta los mayores, porque a cada franja de edad le beneficia en una cosa. Es importante también que no se entienda la actividad de teatro como un arte menor a la música o a la pintura, que pueden estar más valoradas y cuidadas económicamente desde los ayuntamientos. El teatro es una enseñanza más y debe impartirla un profesional especializado, igual que un músico que ha estudiado piano es el que únicamente puede impartir clases de piano. Esto a veces no se entiende en los ayuntamientos y se tiene el teatro como una actividad que puede dirigir cualquiera. Es maravilloso que un grupo de amigos o vecinos se junten a hacer teatro, eso es oro, valiosísimo, aunque no tengan un profesional dirigiendo siempre será mejor hacer teatro que no hacerlo. Pero esto no se puede confundir con que unos alumnos tengan la oportunidad de aprender a hacer teatro, igual que aprenden de manera profesional solfeo, guitarra o la técnica de la acuarela en las otras escuelas o talleres municipales. Eso contribuye a devaluar el arte del teatro en los pueblos.
¿Hay futuro en nuestros pueblos para el teatro?
Si hay implicación política, sí. Porque implicación de espectadores y de gente que quiera hacer teatro la hay, lo he comprobado, y además mucha. Solo hay que querer y apostar por ello desde los ayuntamientos. En los pueblos también se puede hacer teatro de calidad.
¿Cómo ha sido tu primer año de profesor de teatro en Corral?
La recepción ha sido muy buena. Hemos empezado con dos grupos numerosos, casi para tres, pero al final no hubo los suficientes jóvenes, que era nuestro mayor objetivo. Por desgracia, ese es el público que más cuesta atraer. La experiencia ha sido muy positiva porque en el primer año hemos conseguido tener casi treinta alumnos.
Podemos decir, entonces, que la experiencia se va a alargar en el tiempo.
Creo que sí, y lo espero. Cuando la gente vea los espectáculos que vamos a estrenar en el mes de junio y puedan disfrutar de ellos, espero que muchas personas más se animen y el año que viene podamos tener muchos más alumnos.
¿Prefieres actuar o dirigir?
Actuar. Me siento más tranquilo actuando y es lo que quiero hacer durante toda mi vida. La franja de responsabilidad se acota bastante como actor. Aunque gracias a dar clases de interpretación he descubierto que tengo muchas cosas que contar como director de escena y que las contaré.
En tu proceso de formación has practicado esgrima. ¿Qué aporta esta disciplina a la expresión corporal?
Lo que hace es colocar el cuerpo y que empiece a tener consciencia de sí mismo; de la colocación, de la postura, de cómo controlas tu energía o cómo la tienes que implementar, pero sobre todo ayuda a entender nuestro principio básico que es la acción-reacción, lo que se vería en el primer capítulo de Barrio Sésamo de la interpretación.

Las obras las elijo porque tienen preguntas que yo quiero resolver de alguna manera.


En Cinco horas con Mario, tratas el rencor femenino, la infidelidad; con Lucrecia tocas la violación; en Incendios el incesto, ahora con Yerma la mujer vacía. ¿Que te lleva a escarbar en temas controvertidos?
Las obras las elijo porque tienen preguntas que yo quiero resolver de alguna manera. Me motiva mucho ponerlas en pie bien sea con alumnos o con profesionales porque son preguntas que quiero responder o generarme más preguntas que ayuden a resolver esas dudas existenciales que pueda tener. No las elijo porque sean temas polémicos o no, sino porque son dudas que hay en mí y quiero entender por qué las tengo.
Elijo obras que tengan un mensaje. Muchos alumnos me piden que hagamos comedia, y siempre les digo que la haremos, pero que es mucho más difícil que el drama o la tragedia, porque conlleva un lenguaje y trabajo diferente. Se necesitan manejar muchas herramientas para poder hacer comedia y en dos horas semanales es algo más complicado que hacer drama, al menos yo lo veo así. De alguna forma busco un teatro didáctico, que aporte o diga algo al mundo.
¿Está en peligro el teatro con los vientos radicales?
El teatro nunca ha dejado de existir. Desde Grecia ha pasado por mucha censura, en la Edad Media, con la Inquisición…, pero al final nunca ha dejado de existir. Creo que es un arte que siempre va a encontrar la continuidad, a diferencia de otros medios como la televisión, que puede estar perdiendo. El arte del teatro nunca va a dejar de tratar temas polémicos, porque el teatro es la vida y, al final, necesitamos un espejo que nos vaya contando cómo vamos evolucionando como especie.

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